Niño yuntero

Miguel Hernandez

Carne de yugo ha nacido
mas humillado que vello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiercol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador´

Trabaja y mientras trabaja
masculinamente serio
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una afición de muerte
despedaza un pan reñido.

cada nuevo día es
mas raiz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepulltura.

Y como raiz se unde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele ese niño hambriento
como una grandiosa espina
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que porqué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el berbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quien salvará este chiquillo
menor que un gramo de avena?
¿De donde saldra el martillo
verdugo de esta condena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros
que antes de ser hombres, son
y han sido niños yunteros.

Triunfo del amor

Vicente Aleixandre,

Brilla la luna entre el viento de otoño,
en el cielo luciendo como un dolor largamente sufrido.
Pero no será, no, el poeta quien diga
los móviles ocultos, indescifrable signo
de un cielo líquido de ardiente fuego que anegara las almas,
si las almas supieran su destino en la tierra.

La luna como una mano,
reparte con la injusticia que la belleza usa,
sus dones sobre el mundo.
Miro unos rostros pálidos.
Miro rostros amados.
No seré yo quien bese ese dolor que en cada rostro asoma.
Sólo la luna puede cerrar, besando,
unos párpados dulces fatigados de vida.
Unos labios lucientes, labios de luna pálida,
labios hermanos para los tristes hombres,
son un signo de amor en la vida vacía,
son el cóncavo espacio donde el hombre respira
mientras vuela en la tierra ciegamente girando.

El signo del amor, a veces en los rostros queridos
es sólo la blancura brillante,
la rasgada blancura de unos dientes riendo.
Entonces sí que arriba palidece la luna,
los luceros se extinguen
y hay un eco lejano, resplandor en oriente,
vago clamor de soles por irrumpir pugnando.
¡Qué dicha alegre entonces cuando la risa fulge!
Cuando un cuerpo adorado;
erguido en su desnudo, brilla como la piedra,
como la dura piedra que los besos encienden.

Mirad la boca. Arriba relámpagos diurnos
cruzan un rostro bello, un cielo en que los ojos
no son sombra, pestañas, rumorosos engaños,
sino brisa de un aire que recorre mi cuerpo
como un eco de juncos espigados cantando
contra las aguas vivas, azuladas de besos.

El puro corazón adorado, la verdad de la vida,
la certeza presente de un amor irradiante,
su luz sobre los ríos, su desnudo mojado,
todo vive, pervive, sobrevive y asciende
como un ascua luciente de deseo en los cielos.

Es sólo ya el desnudo. Es la risa en los dientes.
Es la luz o su gema fulgurante: los labios.
Es el agua que besa unos pies adorados,
como un misterio oculto a la noche vencida.

¡Ah maravilla lúcida de estrechar en los brazos
un desnudo fragante, ceñido de los bosques!
¡Ah soledad del mundo bajo los pies girando,
ciegamente buscando su destino de besos!
Yo sé quien ama y vive, quien muere y gira y vuela.
Sé que lunas se extinguen, renacen, viven, lloran.
Sé que dos cuerpos aman, dos almas se confunden.

Quevedo poesía grave

Érase un hombre a una naríz pegada

Érase una naríz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal bordado;
era un reloj de sol mal encarado
érase un elefante boca arriba,
érase una naríz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal naringado;
érase el espólon de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
los doce tribus de narices era;
érase un narcisismo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.

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¿Que otra cosa es verdad sino pobreza,
en esta vida frágil y liviana?
Los dos embustes de la vida humana
desde la cuna son honra y riqueza.

El tiempo, que ni vuelve ni tropieza,
en horas fugitivas la devana,
y en enredo anhelar, siempre tirana,
la Fortuna fatiga su flaqueza.

Vive muerte callada y divertida
la vida misma; la salud es guerra
de su propio alimento combatida.

¡Oh cuánto inadvertido el hombre yerra,
que en tierra teme que caerá la vida,
y no ve que en viviendo cayo la tierra.!

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Mejor me sabe de un cantón la sopa
y el tinto con la mosca y la zurrapa,
que al rico que se engulle todo el mapa
muchos años de vino en ancha copa.
Bendita fué de Dios la poca ropa,
que no carga los hombros y los tapa;
más quiero menos sastre que más capa:
que hay ladrones de seda, no de estopa.

Llenar, no enriquecer, quiero la tripa;
lo caro trueco a lo que bien se sepa;
somos Píramo t Tiesbe yo y mi pipa.

Más descansa quien mira que quien trepa;
regueldo yo cuando el dichoso hipa,
él asido a la fortuna, yo a la cepa.

Poemas con cambio de sentido

Maria Jesús Martínez Segura

Te fuiste allá, entre soplos de miradas extraviadas,
donde el espacio lanza sus gritos de libertad.
Tu vuelo, a saltos,
arropado por sutiles lienzos de armonía
y por tu propia lengua,
hechizo de la red interior de mis neuronas,
oculta tempestades, fieras agonizantes
y monstruos de colores
con bocas abiertas que expulsan el
humus de la vida.

Escapaste de tu guarida, vergel del paraiso.
Besos con sonido de lluvia al caer,
cuerpos que se engullen a sí mismos,
donde lo consciente y lo incosciente
creaban la alquimia de la vida.

Llegó la muerte con la congelación de las estrellas,
y el placer asimétrico de las moscas en
el paisaje
tumbó todo lo que extrañamente quedaba.

A través de los ojos de los pájaros
se huele tu vuelta.

MJesus.

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FRANKESTEIN (La negación total, por los demás)

Ser desdichado
por la osadía de un inconsciente
que quiso emular a Dios.

Aborrecido y culpado
por la mano de quien te creó,
te viste a la deriva e ignorado,
pides un amor como salvación.

Nadie escucha ese favor.

Escondes tu ternura entre tormentas
que te persiguen
por las galerías oscuras de tu cuerpo.
Eres al bien, como el demonio es al mal,
y el odio salta como lava de volcán.

Tu gloria es vivir, tu pecado es matar,
ambos se esconden en el abismo
de tu alma torturada.

Frankestein, ¡Te amo!
Me enredaste con tu historia,
me envolviste en tu lucha interior .
Ser incomprendido que quiso
conservar su cordura.

De nacer inocente,
te convirtieron en un mal nacido.

María Jesús.

Escribir en ráfagas de viento

Escribir en ráfagas de viento,
es aún más perdurable que la vida,
y solo Dios lo sabe: por qué vivo,
por que dudo en vivir, y por qué escribo,
en arenas que despinta el tiempo.

Ojo con el halcón de mis tormentos!
Que hasta las penas pasan como rosas,
y marchitas apenas ya se notan
lacerar las heridas con ungüentos…

Todo pasa, el amor, la flor, la vida,
todo pesa el dolor, la fe, la huida…
Y queda el beso largo de los vientos,
Llevándose los cielos, los alientos,
Borrando las orillas de los mares:
la risa y los pesares…

M. Ángeles Fernández Jordán

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Los sonetos del hereje

Andrés Acosta González
Zufre 2008 y Tres Cantos 2010.

Los tres sonetos del hereje, la Santa Madre Iglesia y la Santa Inquisición de la herética pravedad
Siempre he imaginado con horror el terrible destino de los miles y miles de personas que la Iglesia ha asesinado a lo largo de los siglos. La ejecución en la hoguera, magistralmente descrita por Delibes en su novela El hereje, ha sido utilizada por las Iglesias católica y reformada, pero especialmente por la católica con mucha frecuencia desde el siglo XII hasta el siglo XIX. Pienso que los cristianos deberían tener esto muy en cuenta.
A esas pobres personas que fueron asesinadas por la Iglesia en la hoguera, simplemente por defender sus ideas o sus creencias, dedico estos tres modestos sonetos.

1. EL TRIBUNAL

Dime hereje, ¿te han dicho que debas pensar?
Dime, ¿por qué te has tomado la molestia?
¿No sabes que es la hora de la bestia?,
a la que llaman Papa en Roma, un lupanar.

Arriba, arriba, sobre una amplia tarima
asoman sus bonetes los inquisidores,
escupen las denuncias de los traidores
contra ti, víctima hundida en una sima

llena de terror, asombro y mudo espanto,
donde las serpientes del odio a la razón
lucen bífidas las lenguas de su moral.

Nula es tu defensa en el adelanto
de la sentencia dictada sin corazón;
ellos ya vislumbran hogueras para el mal.

2. LA PRISIÓN

Por el hueco limpio de la rendija
el preso hereje divisa la vida,
la luz y los colores son una herida
muy honda en la retina mientras rija

el tono gris oscuro en la salmodia
y el tenebroso resplandor terrible.
Algún día, pensó en su cubil horrible,
nacerán otras visiones en la historia;

alrededor del Sol la Tierra viajará
con todos dibujando las estrellas,
soñando mundos a miles como Bruno.

Todos los colores del espectro harán
un tapiz inmenso y bello para ellas,
las bellas libres ideas de cada uno,

la herejía perfecta y deliberada,
el dardo en Babilonia derrotada.

3. LA HOGUERA

Las llamas son verdes, azules y rojas,
ya devoran la herejía contrastada
como lo dice la verdad acreditada.
Es la sombra, la que emana de las hojas

de los libros miniados y sagrados,
cantados, recitados y pintados,
adornados, hilados, dibujados,
conciliados, inventados y engañados

para lanzar al aire las cenizas
irisadas en ventisca bendecida
inundando en resplandor dorado

las risas grotescas de rabizas
y la goyesca boca enardecida
frente a la luz del saber atropellado.

Andrés Acosta González Zufre 2008 y Tres Cantos 2010.